miércoles, 28 de octubre de 2015

El derrumbe del candidato inevitable.

Tras varios meses en los que se buscó instalar la idea de que Daniel Scioli era el presidente "inevitable", ya casi consagrado en las urnas, el desempeño que tuvo en la primera vuelta resultó decepcionante para los propios, que se están hundiendo en la desazón.
La retórica de la épica política, carente de sustancia, los llevó a su propio callejón sin salida. A pesar de que Daniel Scioli es el más presentable de los candidatos del Frente Para la Victoria, esto no alcanzó para que lograra salir del estrecho círculo del kirchnerismo. 
Convenció a los convencidos, pero no logró salir de ese margen.
Mauricio Macri, en cambio, logró ubicarse como el candidato con más expectativas para ganar la presidencia. 
El escenario que veníamos planteando desde hace tiempo, de que el centro de la disputa era la Provincia de Buenos Aires, fue el que prevaleció. Allí, la candidata a gobernadora María Eugenia Vidal triunfó cómodamente sobre Aníbal Fernández, derrumbando esa idea instalada por muchos analistas políticos de que no había corte de boleta en el distrito más poblado de Argentina. Ya lo adelantamos: esa aseveración era falsa, y se comprobó abundantemente el domingo.
Daniel Scioli, que hizo toda su carrera política bajo el ala de presidentes -Menem, Duhalde, Néstor Kirchner, Cristina Fernández de Kirchner- no puede desarrollar su propia personalidad como candidato a la primera magistratura. Siempre se transformó en una copia del presidente de turno, como un Zelig de la política argentina. En el momento crucial en que estuvo al frente del escenario, sólo, como protagonista, no supo ya quién era él. De allí esa aseveración tan extraña de que habrá "más Scioli que nunca".
El triunfo de María Eugenia Vidal le ha dado una estocada letal a las ambiciones presidenciales de Daniel Scioli, a lo que se suma el desbande desordenado del Frente Para la Victoria, con acusaciones a su propio candidato. Una persona honorable defiende a su partido y candidato hasta el último momento, en las buenas y en las malas; pero esto no es así en estos días. Acostumbrados a ser una máquina de agravios, una metralla de agresión verbal, se han lanzado histéricamente a lanzar una campaña del miedo sin sustento, mostrando una debilidad pasmosa.
Sergio Massa, de reconocida habilidad, interpretó rápidamente el mapa y probablemente negocie un acuerdo de gobernabilidad con Mauricio Macri. Y así lo harán, en menor grado, Margarita Stolbizer y Adolfo Rodríguez Sáa. Cambiemos, entonces, se convertirá en el eje de una gran coalición de gobierno que puede y debe restaurar la plena vigencia de las instituciones, la independencia del Poder Judicial y el funcionamiento del Congreso como el gran escenario de los debates por venir.
¿Qué debería hacer Mauricio Macri de cara a la segunda vuelta? En principio, no prestar demasiada atención a Daniel Scioli, que está enfrascado en discusiones con Hebe de Bonafini, Carta Abierta y el resto del kirchnerismo duro. Debe ir al debate, tal como lo ha hecho poco tiempo atrás con los otros candidatos de la oposición. Mauricio Macri debe seguir hablando a los ciudadanos, ganar su confianza, ir proyectando sus grandes metas para la presidencia. Mientras Scioli se desvanece y no puede recuperar la iniciativa, Macri está transmitiendo una gran confianza de cara al mañana. En esto lo ayuda María Eugenia Vidal, la nueva estrella de la política argentina, fortalecida por su triunfo tras meses del ninguneo más desembozado por parte de sectores del periodismo y de la política.

lunes, 19 de octubre de 2015

Las dudas del 25

El próximo domingo 25 de octubre se celebrará la primera vuelta electoral en Argentina aunque, en rigor, bien podría decirse que la primera fueron las PASO (Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias).
En las PASO, Daniel Scioli no llegó al tan anhelado 40% que le abriría la puerta a la presidencia, quedando en 38,5%. De acuerdo al extraño proceso electoral argentino, hecho a la medida del Partido Justicialista en la reforma constitucional de 1994, la fórmula que obtenga 40% y una distancia de diez puntos sobre el segundo binomio, alcanza la primera magistratura. Si la fórmula más votada llega al 45%, también resulta electo.
Ahora bien: las encuestas serias parecerían indicarnos que Scioli no llega al 40%, y que Mauricio Macri está repuntando levemente, con lo que habría un ballottage en noviembre. El primero desde la reforma constitucional de 1994.
A mi criterio, la estrategia electoral de Cambiemos tiene un error y un acierto enorme. El error, en no explotar las falencias de personalidad de Daniel Scioli, un gobernador que no se atreve a formular una sola idea concreta y que, en los momentos de zozobra, se escabulló de los problemas, tal como pasó con su viaje a Italia cuando su provincia se estaba inundando. Asimismo, Scioli no tiene el control de su partido; no sólo eso, ni siquiera tiene la plena confianza del kirchnerismo, que lo tolera como un mal menor.
El gran acierto de Cambiemos es, por otro lado, en enfatizar la campaña a la gobernación de la Provincia de Buenos Aires. No sólo porque es el principal distrito con el 38% del electorado y que es gobernada actualmente por Scioli, sino por el contraste abismal entre el candidato kirchnerista Aníbal Fernández y la candidata de Cambiemos, María Eugenia Vidal. 
"Analistas" que jamás estuvieron en un escrutinio, aseveran con cara de sabihondos que no hay corte de boleta en la provincia de Buenos Aires. Falso.
Como en la provincia de Buenos Aires no hay segunda vuelta para la gobernación, Vidal o Fernández ganarían con simple pluralidad de sufragios. Si María Eugenia Vidal ganara la gobernación provincial -tiene muy serias posibilidades- y Mauricio Macri fuera a un ballottage con Scioli, el candidato presidencial del Frente Para la Victoria llegaría muy debilitado y cuestionado a la elección de noviembre.
De allí que, en este tramo, tanto énfasis se esté poniendo en la figura de María Eugenia Vidal, joven de 42 años y sin cuestionamientos a su pasado. Es la gran apuesta de PRO, de Cambiemos y una política que emerge con fuerza en el escenario político.

sábado, 3 de octubre de 2015

Scioli, ausente del debate.


A casi treinta y dos años de democracia, el domingo 4 de octubre se celebrará el primer debate de candidatos presidenciales en Argentina. Y, sin embargo, quien ya avisó que estará ausente es el candidato oficialista Daniel Scioli. Su argumento -irrisorio- es que se precisa una ley que lo obligue a participar.
Más allá de esta afirmación insostenible, lo cierto es que probablemente no merezca la menor reprobación de la ciudadanía, y que su ausencia no haga la menor mella a su intención de voto para la primera vuelta. Los argentinos se han convertido en una sociedad de bajas expectativas, muy diferente a la de decenios atrás. El fuego del civismo se ha apagado y gana el cinismo más desenfrenado, como el de los candidatos de Massa que se pasan con bombos y platillos a las filas del oficialismo, exhibiendo claramente la fragilidad del armado político del ex intendente de Tigre.
En Argentina no hay una tradición de debates presidenciales, una práctica sólo existente para los candidatos a Jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. En tal sentido, Mauricio Macri ya ha participado en varias de estas confrontaciones, siendo el único de los candidatos presidenciales que tiene experiencia.
Son célebres los debates históricos de otros países: el de Richard Nixon y J. F. Kennedy en 1960, los de Giscard D'Estaing con Mitterrand, y los de la vecina República Oriental del Uruguay.
Y, no obstante, en Uruguay también el candidato oficialista no participó del debate televisivo de 2014. Tabaré Vázquez -que tenía bastante práctica en este tema- se ausentó de confrontar ideas con el resto de los candidatos. Aun así, si bien no ganó en la primera vuelta, sí logró acumular una distancia considerable con respecto a Luis Lacalle Pou, el segundo en la disputa.
Carlos Menem dejó una silla vacía en el debate que se ofreció en el programa Tiempo Nuevo, en 1989, con el entonces gobernador cordobés Eduardo Angeloz, de la UCR. ¿Sanción de la ciudadanía? Ninguna, porque Menem alcanzó la mayoría de los electores presidenciales en mayo de ese año.
Cristina Fernández de Kirchner no sólo se negó a debatir en 2007 -quien esto escribe, conoció de primera mano las gestiones realizadas por las autoridades de la Universidad de Belgrano para ser el escenario del debate, en el auditorio Sarmiento, para ser transmitido por CNN en Español-, sino que jamás tuvo contacto con el periodismo independiente durante la campaña. 
En 2011, la distancia que logró Cristina Fernández de Kirchner en las PASO con respecto a sus competidores, hacía ilusorio todo reclamo de un debate.
Pero el gobernador Daniel Scioli, que en un principio adhirió a la idea, sólo busca huir de toda posibilidad de poner en evidencia que trata de mantener el apoyo del electorado kirchnerista, a la vez que cultiva una imagen de moderación que le suma cierto voto en el centro. Para Scioli, no es tiempo de cometer errores, y su aparición en un debate televisivo puede exponer las fragilidades de su gestión como gobernador y la ausencia de programa, ocultos tras slogans emotivos.
De este modo, los ciudadanos no sólo no podrán conocer las ideas de Daniel Scioli, sino tampoco observar su temple, personalidad y capacidad de diálogo.
Así, el debate será sólo de las variadas fuerzas opositoras, tal como ocurrió en el debate uruguayo de 2014.
Una vez más, se impone la imagen sobre la idea, en perjuicio de la calidad de la democracia.

lunes, 31 de agosto de 2015

Hache dos cero.

Como la olímpica diosa Hera, famosa por su furia implacable, la presidente Cristina Fernández de Kirchner se lanza en sus mensajes por cadena nacional o en su cuenta de twitter hacia quien la contradiga. Y suma un coro de funcionarios, periodistas y personajes mediáticos que la acompaña en el escarnio, la difamación y la tergiversación. Toda trayectoria es cuestionada si no se expresa conforme a los contenidos del "relato" kirchnerista; todo ciudadano crítico se vuelve sospechoso de ser destituyente en una vasta conspiración contra el gobierno. En la Argentina populista, lo que se busca es confrontar, polarizar, agredir verbalmente y amansar a los tibios.
Días atrás, la presidente -fuertemente involucrada en la campaña presidencial de su candidato, Daniel Scioli, a quien exhibe a su lado- hizo comentarios sobre los que "se disfrazan de lluvia", en alusión a la candidata a gobernadora María Eugenia Vidal, de Cambiemos, que recorrió las zonas inundadas de la Provincia de Buenos Aires. No sólo Vidal encabeza las encuestas en la provincia, sino que además su presencia contrastó visiblemente con la actitud de Scioli quien, tras las PASO, viajó a Italia mientras avanzaban las aguas. María Eugenia Vidal no se calló y respondió con altura, fiel a su estilo.
Ahora se abalanzó sobre Alejandro Corbacho, director del Departamento de Ciencia Política y Relaciones Internacionales en la Universidad del CEMA, por un artículo que escribió en Clarín en el que hizo precisiones sobre el crecimiento y ascenso del nazismo en la República de Weimar. Utilizando twitter, la presidente desató su ira y llamó "burro" a Corbacho, un reconocido académico en la Ciencia Política argentina, a la vez que se jactaba de ignorar de quién se trataba. En una cadena de tweets, la presidente denostó públicamente a Corbacho, sin duda auxiliada por asesores que buscaron justificar sus aventuradas aseveraciones citando la conocida obra de John Maynard Keynes, Las consecuencias económicas de la paz. ¿"Burro", escribió "burro"? Sí, la misma presidente que se refirió a la fórmula hache-dos-cero del agua.
Es notorio que la presidente es una persona de escasas lecturas y abundantes interpretaciones personales, que suele cometer equivocaciones en sus alocuciones públicas. Pero lejos de llamarse a un "baño de humildad", se envalentona y recurre sistemáticamente a la descalificación y el escarnio, como lo hizo hace tiempo atrás con el ministro de Economía español Luis de Guindos, al llamarlo "el pelado ese". 
Además de perjudicar a toda Argentina con este tipo de manifestaciones ante la opinión pública internacional, ha creado un estilo que perjudica el debate político. El agravio se ha naturalizado, el argumento ad hominem está omnipresente en toda discusión. Y un porcentaje significativo de la ciudadanía lo considera una herramienta válida, y la premia con el sufragio.
En un país que se enorgullecía de tener destacados escritores, académicos y científicos, el aliento que desde el poder recibe el ninguneo al saber, al disenso y al pluralismo, es una señal preocupante del deterioro cultural y político que se está viviendo en la Argentina kirchnerista.

viernes, 28 de agosto de 2015

La persistencia de DOS





















Y no: contrariamente a lo que el autor de este blog había supuesto, las primeras encuestas posteriores a las PASO siguen mostrando la persistencia de Daniel Osvaldo Scioli en torno al 40%, en tanto que Mauricio Macri se sitúa en el 32%. Más atrás, Sergio Massa sigue perseverando con un 16%, quizás porque los votantes de José Manuel de la Sota aún no se han definido por él, o bien están migrando hacia el kirchnerismo y Cambiemos.
Lo cierto es que, si los sondeos muestran el mapa de preferencias, a Daniel Osvaldo Scioli no lo han afectado las inundaciones en la Provincia de Buenos Aires, su fugaz viaje a Italia durante ese desastre, ni las escandalosas elecciones celebradas en Tucumán. 
Para los sectores más vulnerables de la sociedad argentina, la prioridad es preservar lo que tienen, y el kichnerismo se funda en el miedo a que se vuelva a vivir una crisis como la del 2001. A pesar de que la inflación golpea más duro en esos sectores, optan por aquello que les resulta conocido, resignándose. Argentina se ha convertido en una sociedad de bajas expectativas, en la que la movilidad social ascendente se reduce a tener unas pocas comodidades más, pero no un salto cualitativo en el nivel de vida. Como si el esfuerzo para el ascenso social fuera un ensueño de otro mundo, una fantasía a la que no vale la pena plegarse en una realidad que poco y nada tiene para ofrecer. A esta narrativa fatalista se añade la práctica despiadada del kirchnerismo de demolición de la crítica, como la que se desató contra Carlos Tévez cuando comentó sobre la pobreza en Formosa. Rápidamente se puso en marcha el operativo de descalificación, al llamarlo "villerito europeizado", estigmatización a la que se sumó el gobernador Insfrán cuando calificó a los porteños de "europeos en el exilio". No se debate sobre la pobreza, sino que se hunde en insultos a quien señala su existencia.
Pero Scioli no tiene asegurada la presidencia y sigue sin tener la iniciativa. Los referentes de la oposición están varias jugadas adelantadas en este tablero, ahora exigiendo la implementación de la boleta única electrónica, con el fin de garantizar elecciones limpias. En la Ciudad Autónoma de Buenos Aires resultó exitosa, y no hay motivos para no llevarla adelante en todo el territorio argentino.
La cuestión es, entonces, ¿cómo transmitir la necesidad de cuidar las instituciones ante una ciudadanía mayormente apática, que observa estas discusiones como si no la afectara, y que se ha vuelto conformista? Un cambio cultural de esta magnitud no se logra en dos meses, pero sí hay posibilidades de horadar esta frágil fortaleza en la que se sostiene el kirchnerismo. 
Daniel Osvaldo Scioli representa un sistema operativo que ha quedado obsoleto, se mantiene a fuerza de inercia, mientras buena parte del mundo está dando pasos gigantes hacia otros esquemas de acción y pensamiento. Encarna el fatídico "es lo que hay", lamentándose en excusas por las inundaciones, el cambio climático y la campaña de la oposición. Pero en tanto siga en ese camino, sólo ofreciendo "optimismo y esperanza", su figura se irá desgastando en lo que queda hasta los comicios de octubre. En un país que quiere mandatarios ejecutivos, Daniel Osvaldo Scioli no transmite esa imagen.
¿La oposición capitalizará estos gruesos errores del Frente Para la Victoria? Esa es la pregunta a responder.

miércoles, 26 de agosto de 2015

Scioli y su ruina circular.

Desde que el 9 de agosto obtuvo el 38.5% de los votos en las PASO, Daniel Scioli viene padeciendo una serie de traspiés -propios o de su entorno- que llevan a poner en duda su capacidad de gobierno. Ha perdido la iniciativa, se mueve por impulsos defensivos, se excusa una y otra vez. 
Atrapado en el estrecho círculo kirchnerista, un anillo de hierro que no le permite apartarse una letra del libreto establecido, gira y gira en torno a un "proyecto" que hace agua.
Tres de los candidatos presidenciales de la oposición, Mauricio Macri (Cambiemos), Sergio Massa (UNA) y Margarita Stolbizer (Progresistas) realizaron una conferencia de prensa conjunta para exigir comicios limpios en octubre, así como para respaldar al candidato a gobernador José Cano, de Tucumán, de extracción radical. Una foto impensable hace pocos meses atrás, que sólo los desmanes del gobernador Alperovich y su troupe podían lograr.
Esa circularidad monótona en la que se desplaza Daniel Scioli es su propia ruina, porque no se puede desentender del kirchnerismo que le brinda un tercio del electorado. Pero tampoco, por su carácter maleable, le permite poner sus propias reglas a un peronismo K que está mostrando señales de crisis. Alperovich, Insfrán, Milagro Sala, Axel Kicillof, Aníbal Fernández, son las caras visibles de ese movimiento desgastado, repetitivo, de eterno retorno a las mismas ideas y discursos.
Desde su trono olímpico, Cristina Fernández de Kirchner sigue echando rayos enfurecidos cuando realiza sus más que frecuentes cadenas nacionales, desdibujando aún más a la figura de su candidato a la sucesión. 
A la interrogante habitual de si un presidente no kirchnerista -Macri o Massa- podría gobernar, hoy la pregunta se vuelve como un boomerang hacia Daniel Scioli: ¿podrá gobernar o será una mera figura decorativa, vaciada de contenido y fuerza, mientras Cristina Fernández de Kirchner permanecería manejando los hilos de la marioneta a escondidas? Personajes que han acumulado tanto poder y dinero en doce años, gozando de impunidad y soberbia, no se irán tranquilamente a sus hogares a cultivar bonsai o jugar al tute. Utilizarán todos los recursos que ahora disponen para poner obstáculos y, de ganar Scioli, acumularán más poder que ahora.
¿Qué pierde Cristina Fernández de Kirchner si Scioli es derrotado? Si bien pierde una fuerte garantía de impunidad, quedaría como jefa de la oposición. No será ella la derrotada, sino Scioli, alguien que no es de su entorno íntimo. ¿Quiere que gane Scioli? Muy probablemente sí, pero tampoco la desvela sentar al motonauta en el sillón de Rivadavia, con el que debería compartir protagonismo.
Ni Macri ni Massa son Fernando de la Rúa, otro personaje de escaso carácter como Scioli. La oposición también ha aprendido de los errores cometidos por la Alianza, de cuyo componente frepasista se viene nutriendo el kirchnerismo desde los inicios. 
En términos ajedrecísticos, Scioli juega con las piezas negras y no ve las jugadas con anticipación. Está siendo jaqueado una y otra vez, por lo que sólo atina a escudarse tras algunas piezas de dudosa confiabilidad. Si bien aún no se conocen sondeos posteriores a las PASO, es sumamente probable que estos vayan señalando el deterioro de Scioli. Ese desgaste llega a la propia provincia de la que Scioli sigue siendo gobernador hasta diciembre, en donde su candidato Aníbal Fernández está siendo aventajado por María Eugenia Vidal, que sigue sumando adhesiones, dándole un golpe letal a la aspiración de un nuevo período presidencial del Frente Para la Victoria.
La oposición, por su lado, va dando muestras de madurez con vistas a acordar políticas de largo plazo, y en este sentido se inscribe el artículo del ex canciller Dante Caputo en La Nación. Ya se están desvaneciendo las viejas sospechas entre centroizquierda y centroderecha, porque lo que está en juego es la democracia, para que no derive en una parodia al estilo chavista-madurista. 

martes, 25 de agosto de 2015

Échale la culpa al Norte.

Aníbal Fernández, el locuaz sofista Jefe de Gabinete de ministros de Argentina, ha recurrido a su batería de acusaciones para desentenderse de la represión en Tucumán, en donde los miles de ciudadanos que se manifestaron en la plaza recibieron balas de goma como respuesta. 
El Norte, siempre el Norte, ese pérfido hemisferio que busca desestabilizar al cándido Sur. El Norte, concepto que no sabemos si abarca a los hiperbóreos inuit en el Ártico y la policía montada de Canadá, o si sólo se circunscribe a la Casa Blanca y al Departamento de Estado que, siempre envuelto en neblinas conspirativas, también es conocido como Foggy Bottom. La máquina trituradora del disenso que ha montado el kirchnerismo reúne a todos los actores posibles en una misma bolsa: Cambiemos, Macri, Massa, Cano, Carrió, Laura Alonso y "el Norte", esa porción del mundo de donde brotan terribles designios y se emiten instrucciones a sus "alcahuetes".
Vieja metodología stalinista, archiconocida teoría conspirativa, todo sirve para evadir responsabilidades. El culpable es el otro, porque sólo el kirchnerismo tiene el monopolio del amor, del bien y de la Patria. 
Y descubrimos que el Jefe de Gabinete es un hombre entrado en años, ya anciano, ya que Aníbal Fernández asevera que no supo de la represión en Tucumán porque "estaba durmiendo" a hora temprana, en un país de noctámbulos. Lo que importa es evadir responsabilidades, echar la culpa a otro, al Norte, a las fuerzas del mercado o a los reptilianos. Se nutre del prejuicio muy argentino de que el planeta está atento y enfocado a cuanto ocurre en esta nación sudamericana.
Más allá del cinismo practicado a cada minuto por Aníbal Fernández, lo preocupante es que la violencia se está naturalizando en Argentina. Se acepta como un hecho típico y hasta picaresco la quema de urnas, el robo de boletas, el reparto de bolsas de comida, los telegramas que asignan a Scioli el 105% de los votos. A la violencia verbal se está sumando la violencia física, rasgo típico del fascismo, y el Norte -argentino- está siendo el escenario de una virulencia que es inaceptable en un Estado de Derecho. A la muerte del militante radical Jorge Ariel Velázquez en Jujuy, se agregan la represión con balas de goma en Tucumán y los insultos, de funcionarios formoseños, al popular deportista Carlos Tévez. El recurso desembozado de la agresión, del maltrato y de la sospecha sistemática hacia todo aquel que se expresa libremente.
El vocabulario fue pervertido: al "pluralismo", que significa diversidad de voces, se lo reemplazó por "pluralidad", que significa "mayoría". Porque lo importante es contar con una mayoría para acreditar la verdad, como si fuese una cuestión meramente estadística y plebiscitaria. 
Y en este clima enrarecido que se vive en camino a las elecciones generales, el kirchnerismo se empeña en mostrar impunidad y desmesura. Daniel Scioli, el candidato Zelig que quiere ser amigo de todos, se empeña en ser aceptado por los gobernadores José Alperovich y Gildo Insfrán, y por la militante filofascista Milagro Sala. Necesita sus votos, sí, pero a la vez se hunde con ellos, tal como lo hizo Ítalo Argentino Luder en 1983.
El desafío del próximo gobierno, si es que triunfa la oposición en octubre o noviembre, será revertir esa perversa naturalización de la violencia -verbal y física-, de la utilización política del Estado, y reconstruir los conceptos básicos de ciudadanía, derechos, disenso, debate, control parlamentario, independencia del Poder Judicial, dignidad e imperio de la Ley. De otro modo, la Constitución será letra muerta.

lunes, 24 de agosto de 2015

Las urnas están bien quemadas.

En 1981, el entonces presidente militar de facto Leopoldo Fortunato Galtieri aseveró que "las urnas están guardadas y bien guardadas", cancelando toda posibilidad de una transición a la democracia y el Estado de Derecho en Argentina. 
Lo que ha ocurrido ayer en Tucumán, en donde se celebraron elecciones provinciales y municipales, es que hubo urnas quemadas, por la irrupción de cientos de personas en escuelas donde había centros de votación. Estas acciones delictivas se dieron en algunos pueblos de la provincia, así como hubo un periodista golpeado y boletas destruidas. Violencia, intimidación y destrucción en la provincia en donde se rubricó la Independencia, cuna de guerreros de la emancipación y emprendedores, de grandes estadistas y juristas.
Tras doce años como gobernador de Tucumán, José Jorge Alperovich supo tejer un entramado que será difícil de desarmar -no imposible- y que se resiste a dejar el poder. Adherido a la lógica de confrontación permanente que alimenta al kirchnerismo, Alperovich y su esposa, la senadora Beatriz Rojkés de Alperovich, se transformaron en espadas de Néstor y Cristina Fernández de Kirchner en el noroeste argentino, compitiendo en adulación y altos porcentajes de votos con el otro clan instalado en Santiago del Estero, el del ex gobernador y ahora senador Gerardo Zamora y su esposa, la actual gobernadora Claudia Ledesma Abdala. No es casual que Gerardo Zamora reemplazara a Beatriz Rojkés de Alperovich como presidente provisional del Senado, tercero en la sucesión presidencial.
Lo ocurrido en Tucumán es de una gravedad extrema, tal como lo es la muerte del militante radical jujeño Jorge Ariel Velázquez. Es la violencia instalada como forma de hacer política, una característica que define al fascismo. 
A la narrativa de la confrontación permanente, a la destrucción verbal sistemática de reputaciones y trayectorias, se sucede la "naturalización" de la violencia física, sobre todo cuando las perspectivas de continuar cuatro años más en el poder ya no son tan claras ni seguras. Porque si bien Daniel Scioli fue, en las PASO, el candidato más votado y muy próximo al umbral mínimo para ser electo presidente, la oposición se encuentra en condiciones de competir vigorosamente en octubre.
Es erróneo suponer que el kirchnerismo acepta las mismas reglas de juego democrático que el resto de los partidos. Desde el poder, articuló una narrativa de épica histórica, de misión salvífica, en la que todo se transforma en una lucha heroica contra fuerzas oscuras. Todo es un Armageddón, un combate entre el bien y el mal, en el que ellos representan el monopolio del amor, del bien y la Patria.
Este tipo de discursos, de carácter semirreligioso, no sólo desconoce los matices, el debate y el disenso, sino que también dinamita el pluralismo y las instituciones que limitan al poder político. De allí que hayan anulado al Congreso y busquen llevar a la insignificancia a los medios de comunicación que no se les someten. La suba del dólar que es, en rigor, la depreciación del peso por la emisión de billetes, es atribuido a "fuerzas oscuras" del mercado. 
La realidad es, sin embargo, terriblemente profana. No hay misión salvífica, no hay lucha épica, ni siquiera alcanza para cómic de aventuras. Es un puro aferrarse al poder, utilizando todos los medios a su alcance.
Daniel Scioli, ahora expuesto él solo ante la opinión pública, ya no puede esconderse como Zelig imitando al presidente peronista de turno. Llegó la hora de exhibir cuál es su personalidad, si es que la tiene. Como el candidato justicialista de 1983, Ítalo Argentino Luder, es el presidenciable de un movimiento desbocado que suma candidatos impresentables y que recurre a la violencia.
La oposición no sólo debe proponer paz, democracia y Estado de Derecho. En esta elección, no alcanzará con recitar el Preámbulo de la Constitución, tal como muy inteligentemente lo hacía Raúl Alfonsín en 1983. Deberá demostrar que tiene las agallas y la capacidad para que haya imperio de la Ley durante la próxima presidencia, que quiere y puede contener los desbordes de violencia y atacar las fuentes de la corrupción. Ya no se trata de risas y buena onda, ni de campañas al estilo Luisa Delfino con su célebre "yo te escucho", sino de coraje y decisión. 
Y así se recuperará la palabra llena de sentido de "ciudadanía", dejando a un costado ese difuso, etéreo y líquidamente baumaniano concepto de "la gente".

domingo, 23 de agosto de 2015

La inevitabilidad de Scioli, en duda.

Daniel Scioli, gobernador de la Provincia de Buenos Aires y ya consagrado candidato presidencial del Frente Para la Victoria, ha venido jugando con la idea de que es un candidato inevitable en su victoria frente a las fuerzas de la oposición.
No obstante, ese discurso se opacó en la noche del 9 de agosto, cuando se dieron a conocer los resultados de las PASO (Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias), ya que no alcanzó el mágico 40%. Si bien el 38,5% no es una cifra para nada desdeñable, está lejos de lo que obtuvo Cristina Fernández de Kirchner en las PASO del 2011, cuando llegó al 52%, ante la desazón de los otros candidatos, de los que ninguno llegó individualmente al 20%. En las PASO, quedó en evidencia que el frente Cambiemos -en el que compitieron Mauricio Macri, Ernesto Sanz y Elisa Carrió- logró avanzar significativamente en varias provincias, ubicándose en segundo lugar con el 30,5%. Sergio Massa, más atrás, demostró su capacidad de seguir en carrera con el 20%, sumando la importante cosecha del cordobés José Manuel de la Sota en su provincia natal.
Era previsible que Daniel Scioli lograra cifras contundentes en provincias del noroeste y noreste argentinos, en donde las estructuras del peronismo -sumado a que gobierna en varias de esas provincias- están fuertemente asentadas. Fue en su propia provincia, la de Buenos Aires, en donde Daniel Scioli tuvo la mayor merma de sufragios. Del 55% que sumó en 2011, cayó al 39% en las PASO. A esto, hay que añadir la competencia librada entre los dos precandidatos a gobernador del Frente Para la Victoria en territorio bonaerense: el Jefe de Gabinete de Ministros, Aníbal Fernández, y el presidente de la Cámara de Diputados, Julián Domínguez. Era notoria la preferencia de Scioli por Domínguez, también respaldado por varios intendentes del conurbano. Y sin embargo, logró imponerse Aníbal Fernández, a quien una semana antes se lo vinculó en el programa periodístico de Jorge Lanata con el tráfico de efedrina. Pero la gran triunfante en la Provincia de Buenos Aires fue María Eugenia Vidal, del frente Cambiemos, que llegó al 29%, muy por delante de lo que individualmente recogieron Fernández y Domínguez. Hace tiempo que venimos señalando el crecimiento en la consideración pública a favor de Vidal a quien, paradojalmente, el escaso espacio que le brindaron los medios de comunicación antes de las PASO le ayudó a presentarse como la gran sorpresa de las PASO. Con 41 años, gran comunicadora, sin un pasado que deba ocultar y figura nueva en la política con una trayectoria únicamente en PRO, María Eugenia Vidal se perfila como la contracara de Aníbal Fernández, un personaje que despierta un franco rechazo de porcentajes significativos de la opinión pública. De allí que la candidata de Cambiemos se convirtió en el blanco de las críticas del kirchnerismo, tan prolífico en la destrucción sistemática de cualquier expresión que no se someta a sus posiciones. Este crecimiento de Cambiemos se expresó en su triunfo en sesenta -de los 135- municipios en la provincia, lo que le daría a la eventual gobernadora María Eugenia Vidal un sostén importante para su gestión.
Daniel Scioli prosperó políticamente gracias a buscar cobijo en presidentes peronistas: Carlos Menem, Eduardo Duhalde, Néstor Kirchner y Cristina Fernández de Kirchner. A todos se amoldó, devenido en el Zelig de la Pampa húmeda. Su pesadilla fue convertirse en el centro de atención, al ganar las PASO y ser, ya, el candidato presidencial con mayores posibilidades hacia octubre. Su impericia quedó en evidencia cuando, en plenas inundaciones en la provincia que gobierna hasta diciembre, viajó a Italia. Ya la situación era dramática antes de las PASO, pero fue la indignación pública -y el de la Casa de Gobierno- la que hizo que retornara de inmediato. Brindó excusas, se cobijó en excusas, pero el daño a su imagen -que lo es todo para él- ya estaba hecho.
¿Fue el Katrina de Daniel Scioli? No tuvo la magnitud del desastre que tanto perjudicó a George W. Bush, pero sí le infligió un daño notorio, al estar ahora bajo la atenta visión de la opinión pública. Y buscó nuevas excusas -bastante viejas, por cierto- de ser víctima de una campaña de desprestigio en las redes sociales. Lo que pueda hacer para mitigar el daño por las inundaciones en la provincia es escaso, de aquí a octubre. Ha sido un gobernador dedicado al cultivo de su imagen, pero no un administrador. Y aquí, una vez más, la emergente figura de María Eugenia Vidal es la mejor pieza en el tablero de ajedrez para el triunfo de Cambiemos. Porque Vidal, por un lado, tiene serias posibilidades de ganar la gobernación frente al impopular Aníbal Fernández; por el otro, es ella quien pone el acento en las falencias de los ocho años de Scioli como gobernador, erosionando sus posibilidades presidenciales. 
Y la gran duda que tienen muchos ciudadanos argentinos es: ¿qué margen de autonomía tendrá Daniel Scioli, presidente, para evitar las imposiciones de Cristina Fernández de Kirchner? El kirchnerismo duro le demuestra, en cada oportunidad, que no le dejará apartarse del "proyecto", sea este lo que fuere. Scioli no tuvo la posibilidad de insertar candidatos propios en las listas de diputados y senadores, y ya sabemos que CFK no es una persona a la que le guste el perfil bajo. Allí está, como demostración de fuerza, el cartel colocado dentro de la Casa de Gobierno de "Zannini para la victoria", extraña e inusual campaña a favor del candidato a vicepresidente. Símbolo de los tiempos que corren, quizás anticipo de los que podrían inaugurarse el 10 de diciembre.
Cambiemos tiene, entonces, una gran oportunidad de aquí a los comicios generales de octubre. No tiene que polemizar con las otras fuerzas opositoras, en especial con Sergio Massa, con vistas a la segunda vuelta en noviembre. Debe concentrarse no sólo en señalar los errores, las faltas y el deterioro institucional, sino sobre todo brindar una visión de futuro, que pueda atraer a radicales, peronistas, independientes, liberales y progresistas. Es la primera elección, desde 2003, en la que estamos frente a un escenario abierto, en el que el favorito no resulta inevitable, y en el que el principal candidato opositor suma un número que lo vuelve competitivo.

domingo, 2 de agosto de 2015

A una semana de las primarias.

A una semana de las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO) en Argentina, las encuestadoras indican que la primera minoría será el Frente Para la Victoria, con su único precandidato a presidente Daniel Scioli. Este resultado no es sorprendente, ya que el FPV concentra un tercio del electorado argentino. Es mayoría en el conurbano bonaerense, en el norte argentino y la Patagonia. Si bien las provincias como Santiago del Estero tienen pocos votantes, los porcentajes que allí recoge el kirchnerismo le alcanza para compensar su bajo desempeño en distritos como la Ciudad de Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe. Salvo los pronósticos que muestran un par de encuestadoras, la mayoría exhibe a la coalición Cambiemos como la segunda opción, aunque difieren en cuanto a la distancia que tendrá con respecto al Frente Para la Victoria.
En Cambiemos compiten Mauricio Macri -Jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires-, el senador Ernesto Sanz (Unión Cívica Radical) y la diputada Elisa Carrió (Coalición Cívica). Es una coalición que, hasta hace un año atrás, resultaba poco menos que impensable y ahora muestra buena sintonía en sus relaciones. En la Provincia de Buenos Aires, en donde vive el 38% del electorado argentino, tiene una precandidata única a la gobernación: María Eugenia Vidal que, de acuerdo a varios sondeos, estaría entre los candidatos individualmente más votados en ese importante distrito. El Frente Para la Victoria presenta dos precandidatos a gobernador, tras el pedido de la presidente de un "baño de humildad" para que otros se retiraran de la competencia. Son el actual Jefe de Gabinete de Ministros, Aníbal Fernández, y el presidente de la Cámara de Diputados de la Nación, Julián Domínguez. La ventaja y la desventaja para Aníbal Fernández es, paradojalmente, la misma: es muy conocido. Su punto de partida es ventajoso en términos de nombre, ya que es rápidamente identificado por el casi 100% de los ciudadanos, pero genera el más alto rechazo entre todos los precandidatos a la gobernación. Julián Domínguez, en cambio, es un desconocido, lo que habla también de la poca relevancia del Congreso en estos años. A Aníbal Fernández lo acompaña Martín Sabbatella en la fórmula, un permanente crítico del gobernador Daniel Scioli, y que es parte del universo kirchnerista a través de su propio partido, Nuevo Encuentro. Esto ha despertado la animadversión de muchos intendentes peronistas en el conurbano. A Julián Domínguez, en cambio, lo acompaña el intendente de La Matanza -bastión inexpugnable del peronismo bonaerense-, Fernando Espinoza. El precandidato único de UNA, la alianza del peronismo disidente de Sergio Massa y José Manuel de la Sota, es el ex gobernador Felipe Solá, también ampliamente conocido y con gran experiencia en campañas.
Es en la Provincia de Buenos Aires donde se libra este Armageddón: Macri ha concentrado gran parte de la campaña en este distrito, que es el que gobierna Daniel Scioli desde 2007, y el que es también la plataforma del tercero en discordia, el diputado Sergio Massa. A diferencia de otras provincias que celebraron sus elecciones provinciales y municipales en una fecha separada, la de Buenos Aires ha venido estableciendo su calendario en coincidencia con los comicios nacionales desde el retorno a la democracia, precisamente por su relevancia. Las boletas serán kilométricas: las categorías a votar son 1) presidente y vicepresidente, 2) diputados al Parlasur por distrito único en todo el país, 3) diputados nacionales, 4) diputado al Parlasur por la Provincia de Buenos Aires, 5) gobernador y vicegobernador, 6) diputados o senadores provinciales -se alterna cada dos años de acuerdo a la sección electoral, que son ocho-, y 7) intendente, concejales y consejeros escolares. La boleta tiene más de un metro de largo. Esta boleta sábana se puede cortar en cualquiera de las categorías mencionadas, pudiendo mezclar siete partidos o alianzas en un mismo voto, lo que significa un escrutinio lento y expuesto a múltiples trampas. Asimismo, se sabe que hay escuelas en donde se prohíbe el ingreso de los fiscales de las fuerzas opositoras, con la complicidad de las fuerzas de seguridad. Sí, esto que era habitual en los años treinta cuando gobernaba el conservador Manuel Fresco con su ministro Roberto J. Noble, sigue siendo una práctica fraudulenta en algunas zonas marginales del conurbano bonaerense. A esto, cabe añadir la multiplicación de boletas en el cuarto oscuro: el FPV lleva dos boletas sábanas, con sus respectivos precandidatos a gobernadores, y luego puede haber varios precandidatos a intendentes en cada municipio. Lo mismo ocurre con UNA, Cambiemos y partidos menores. 
Un aspecto positivo de las PASO es que ponen en evidencia la importancia de tener estructuras partidarias, y que no todo es mediático o a través de las redes sociales. Los partidos políticos son cruciales en las democracias y es preciso que vuelvan a tener vida y vigor, mal que les pese a los gurúes posmodernos. No hay herramienta más poderosa para promover a un candidato que el boca a boca, y ello es posible articulando voluntades en un partido. Y los partidos organizados cuentan con la capacidad de fiscalizar y reunir gente entusiasta y comprometida con la causa. 
Las encuestas, hoy, pronostican que Daniel Scioli será el individualmente más votado en las PASO, y algunas adelantan que llegará al 40%. La pregunta es: ¿a qué distancia quedará de Mauricio Macri, quien va segundo en los sondeos? Porque no es lo mismo que Cambiemos obtenga menos del 30% o que alcance el 35% en su conjunto y, además, cómo se presente el resultado en la noche de las elecciones. Por otra parte, si Cambiemos suma un tercio del electorado, será la primera vez que el kirchnerismo deba enfrentar a una alternativa con posibilidades de desplazarlo del poder. En 2007, Elisa Carrió llegó a sumar el 23%, muy por detrás del 45% de Cristina Fernández de Kirchner. En 2011, Hermes Binner fue el segundo con sólo 16,8%, a enorme distancia del 54% de Cristina Fernández de Kirchner. El escenario no es tan optimista y victorioso como lo pretende el kirchnerismo, aunque no está derrotado al mantener un importante caudal en torno al 35-40%.
La oposición está fragmentada, pero resultaba imposible aglutinarla, ni tampoco hay certeza de que esa suma se hubiera manifestado en las urnas. En política, una suma puede tener resultado negativo, o quizás multiplicar: es el universo de las incertidumbres, porque los ciudadanos no responden a la lógica aritmética.
La pregunta que busca respuesta, es cuáles serán los porcentajes que logren Cambiemos y la otra opción opositora, Sergio Massa. Todo indica que Massa ganaría la primaria frente al gobernador cordobés De la Sota y su simpática e inusual campaña en los medios, pero ¿logrará retener su caudal en las elecciones generales del 25 de octubre, o se repartirán sus votos entre Scioli y Macri? El domingo 9 de agosto veremos si las encuestadoras se aproximan a lo que expresen las urnas, y entonces tendremos un nuevo mapa de cara a la primera vuelta de octubre. 

jueves, 25 de junio de 2015

Las fórmulas de la química electoral.

El sábado 20 de junio, jornada en la que se conmemora el fallecimiento del abogado y general Manuel Belgrano -quizás la figura intelectualmente más interesante del proceso de emancipación-, se presentaron las listas que habrán de competir en las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO) del 9 de agosto. Diez días antes se habían presentado las alianzas partidarias, pero siempre cabe la posibilidad de que ese esquema se altere con la presentación de las listas de candidatos, ya que algunas figuras pueden aparecer como "extrapartidarios" bajo otra denominación política. 
Los manuales de las fórmulas electorales en Argentina señalan que uno de los dos miembros de los binomios presidenciales, sea el presidente o el vicepresidente, tiene que ser de Buenos Aires -la Ciudad Autónoma o la Provincia-, en tanto que el otro debe ser de otra provincia. Este esquema se viene aplicando desde 1862, cuando Bartolomé Mitre asumió como presidente de la República Argentina unificada tras la batalla de Pavón, junto a Marcos Paz, político tucumano. Es una regla no escrita, pero que se ha observado con bastante rigurosidad. La única excepción -y fugaz en su ejercicio- fue la de Fernando de la Rúa y Carlos "Chacho" Álvarez, electos en 1999. Si bien De la Rúa nació en Córdoba, desarrolló toda su carrera política y profesional en la Ciudad de Buenos Aires, siendo el primer Jefe de Gobierno electo por voto popular en 1996. De la Rúa había representado a la Ciudad de Buenos Aires como senador y diputado, en tanto que Chacho Álvarez también era diputado por la metrópoli porteña. Pero en esa circunstancia, Álvarez acompañó a De la Rúa para fortalecer a la Alianza, la unión entre la UCR y el Frepaso, que a su vez era otra alianza de partidos (Frente Grande, Partido Socialista, Partido Demócrata Cristiana). Y como si fuera una muñeca rusa, el Frente Grande nació como una alianza de partidos...
Desde esta perspectiva, la fórmula presidencial de PRO tiró a un costado el manual, presentando una fórmula también porteña. PRO todavía no tiene figuras de peso en otras provincias, aun cuando van surgiendo nuevos liderazgos, como para ocupar la vicepresidencia. No obstante la porteñidad del binomio, ambos son figuras reconocidas y que ya trascienden los límites de la avenida General Paz, el límite de la Ciudad con la Provincia de Buenos Aires.
El Armagedón se librará en la Provincia de Buenos Aires, más específicamente en el conurbano bonaerense y, sobre todo, en la tercera sección electoral, que reúne la parte meridional de ese gran conglomerado. Es ese el núcleo duro del voto peronista que apuntala la candidatura de Daniel Scioli, hoy gobernador provincial. El conurbano, en su conjunto, reúne el 23% del electorado argentino. Es, en sí mismo, más importante que varias provincias: la Provincia de Santa Fe es aproximadamente un 9% del electorado total.
Daniel Scioli ya tiene una larga trayectoria política desde los años noventa, cuando en 1997 ingresó a la Cámara de Diputados por iniciativa de Carlos Menem representando a la Ciudad de Buenos Aires. Fue reelecto diputado en 2001 y luego, durante la agitada presidencia de Eduardo Duhalde, se desempeñó como secretario de Turismo y Deporte. En 2003 fue electo vicepresidente de la Nación, acompañando al poco conocido gobernador de Santa Cruz, Néstor Kirchner. En ese espacio, aprendió que debía guardar silencio y acatar la voz de mando. En 2007 se presentó a gobernador de la Provincia de Buenos Aires y fue reelecto en 2011. En 2009, acompañó como candidato "testimonial" a Néstor Kirchner en la lista de diputados nacionales, junto a Sergio Massa y la actriz Nacha Guevara. A pesar de todas y cada una de las demostraciones de subordinación al kirchnerismo, ese sector político lo observó siempre con recelo, siendo objeto de burlas, maltratos y desplantes.
Daniel Scioli se mantuvo firme, frío e imperturbable como una estatua de mármol, apuntando a su objetivo mayor: la presidencia de la Nación. En 2011, Cristina Fernández de Kirchner le impuso un vicegobernador ultra K como Gabriel Mariotto. A pesar de que el fallido Florencio Randazzo, hasta ahora ministro del Interior y Transporte, intentó jugar en las PASO como el verdadero candidato K, los números de las encuestas llevaron a que la presidente Cristina Fernández de Kirchner lo bendijera como el candidato preferido. La señal fue el acompañante de fórmula de Scioli: Carlos Zannini, secretario legal y técnico, un ultra K desde los tiempos en que Kirchner gobernaba en Santa Cruz. De antigua militancia en el maoísmo -¿aventura juvenil o auténtica matriz ideológica?-, Zannini tuvo una conversión al peronismo de la mano de Néstor y Cristina Kirchner.
¿Qué le aporta electoralmente Zannini a Scioli? Desde el punto de vista de los votos, nada. Es un gran desconocido para quien no sigue al detalle a la política argentina. Pero sí es un mensaje hacia dentro: el kirchnerismo apoya a Scioli. Scioli no es kirchnerista, sino sciolista, pero su margen de acción estará sumamente acotado. A esto se suman los candidatos a diputados y senadores que el kirchnerismo puro logró introducir en las listas, relegando a quienes se identifican como Partido Justicialista. La presencia de la agrupación La Cámpora, dirigida por el poco locuaz y de olvidable paso por las aulas universitarias Máximo Kirchner, no sólo se hará notar en el Congreso argentino, sino también en la estratégica y casi inadvertida Legislatura de la Provincia de Buenos Aires, donde contará con una nutrida bancada y gran cantidad de recursos.
Pero la presencia de Zannini es, también, una señal preocupante para los inversores y para aquellos que, cándidamente, querían creer que Daniel Scioli significaba una ruptura moderada con respecto a los huracanes kirchneristas. Scioli se representa como la figura de la continuidad, para quien el cambio es retroceso y no avance, y que nada habrá de modificar en cuanto a la falta de calidad institucional y de transparencia, la economía maniatada por una madeja de regulaciones y políticas clientelistas. El kirchnerismo no habrá de transformarse en sciolismo, porque el kirchnerismo es un nuevo movimiento en sí mismo, con sus propios mitos movilizadores, su narrativa épica y sus símbolos. El binomio Scioli-Zannini se puede leer como un mensaje hacia dentro, a los propios, pero también de continuidad en el liderazgo de Cristina Fernández de Kirchner más allá de diciembre de este año.
Sergio Massa apunta a la peronización de su perfil, y tendrá una PASO con el gobernador cordobés José Manuel de la Sota. Quiere asegurarse una franja del electorado que no se siente plenamente representada por las otras dos opciones, pero que va adelgazando a medida que se aproximan los comicios.
Si las elecciones fuesen este fin de semana, habría una polarización entre Scioli-Zannini y Macri-Michetti, quedando más atrás Sergio Massa, Margarita Stolbizer y los otros dos competidores que Cambiemos tiene en las PASO: Ernesto Sanz y Elisa Carrió. Pero de aquí al 9 de agosto falta más de un mes en el que, como suele ocurrir en Argentina, un episodio lo puede alterar todo.

jueves, 18 de junio de 2015

Santa Urna.

Triple empate en la provincia de Santa Fe es el resultado de la elección para gobernador, legislatura y autoridades municipales del domingo pasado. 
Los socialistas, el principal partido de la alianza Frente Progresista formada junto a la UCR y la Coalición Cívica, aspira a un tercer período al frente de esa provincia, que es la tercera en población de Argentina. Su principal rival es el PRO, el partido de Mauricio Macri, que llevó como candidato al conocido actor Miguel Del Sel. Tercero en la discordia, el kirchnerismo hizo una gran elección con Omar Perotti.
Como Argentina es un país federal, cada provincia establece su propio sistema electoral. En este caso, esta pujante provincia no tiene segunda vuelta para la elección del gobernador y vicegobernador, por lo que resulta electo el binomio que tenga la mayoría simple de sufragios. Así, el candidato socialista Miguel Lifschitz podría ser gobernador por apenas dos mil votos más que Miguel Del Sel, si se confirma el escrutinio. Lifschitz, de acuerdo al escrutinio provisorio, obtuvo el 30,69%, Miguel Del Sel 30,58%, y Omar Perotti (Frente Para la Victoria) 29,25%. Otra singularidad santafesina, es que el partido que obtenga la simple pluralidad de sufragios para la cámara de diputados local, obtiene automáticamente 28 de los 50 escaños. Como en Santa Fe hay boleta única, se puede elegir gobernador de un partido y legisladores de otro de forma muy sencilla. Es así como la lista de legisladores del Frente Progresista, encabezada por el actual gobernador Antonio Bonfatti, logró el 40,5% de los sufragios, muy por encima de lo que cosechó el candidato a gobernador.
Pero a esta reñida elección, debemos añadirle una sombra que se cierne sobre todo el proceso: telegramas de mesas que no coinciden con lo que se volcó en el escrutinio provisional, y miles de votos observados. Con una diferencia tan magra entre los tres principales contendientes, lo lógico, sano y transparente sería la revisión de todas las urnas, para que el nuevo gobernador no comenzara su período bajo sospecha de fraude. Sí, fraude.
El PRO ha presentado una denuncia de irregularidades groseras y alarmantes que, de confirmarse, siembran dudas sobre el presente de la democracia argentina en una de sus provincias más desarrolladas.
El Partido Socialista, que ha hecho de la honestidad una de sus grandes banderas, debería ser el principal interesado en desvanecer esas sombras que se van tejiendo en su derredor, como una densa telaraña. No obstante, el gobierno socialista ha dejado en claro que no quiere que se efectúe un nuevo escrutinio sobre la totalidad de las urnas, sino sólo revisar los votos observados. Y esto es grave.
En 1974, el entonces candidato presidencial Valéry Giscard d'Estaing le señaló en un debate televisivo a su rival socialista, François Mitterrand, una frase clara y contundente: "Usted no tiene el monopolio del corazón" (Vous n'avez pas le monopole du cœur).
Citando a Giscard d'Estaing, diremos que los socialistas de Santa Fe tampoco tienen el monopolio de la honestidad. 
¿Nos estamos refiriendo al Partido Socialista de Juan B. Justo y Nicolás Repetto? ¿Al de Alfredo Palacios y Enrique Dickmann? Sí y no. En rigor, los socialistas de Santa Fe son del Partido Socialista Popular (PSP), que durante muchos años dirigió Guillermo Estévez Boero, que se distinguía del Partido Socialista Democrático (PSD) por no tener una posición hostil hacia el peronismo. El PSD, cuyo último exponente preclaro fue el concejal Norberto La Porta en la Ciudad de Buenos Aires, no sólo había sido un férreo opositor al peronismo, sino que además practicaba de modo espartano la austeridad personal, el republicanismo y el laicismo. En los años noventa, el PSP y el PSD, más el Partido Socialista de Chaco, se fusionaron en el Partido Socialista. El viejo PS había sufrido ya muchos quebrantos, no sólo con aquellos que formaron el Partido Socialista Internacional (luego Partido Comunista), sino también con escisiones personales como el PS Argentino de Alfredo Palacios (que en los años treinta volvió a la familia original), o el PS Independiente de Federico Pinedo y Antonio De Tomaso. En los años cincuenta volvió a partirse, con el PSA y el PSD, este último liderado por Américo Ghioldi. Pero el PSP de Estévez Boero no viene de ese tronco, sino del Movimiento Nacional Reformista (MNR), una agrupación universitaria nacida en los años sesenta. 
Paradojalmente, quienes se formaron en el PSD son hoy, en gran parte, militantes y funcionarios del kirchnerismo, como es el caso de Jorge Rivas. O tempora, o mores.
El Frente Progresista es, además, una alianza que tiene lineas cruzadas a nivel nacional. Mientras el PS pasó a ser el sostén de la candidatura presidencial de Margarita Stolbizer (ex radical que formó su propio partido, GEN), la UCR y la Coalición Cívica son aliados de PRO en Cambiemos, que en agosto dirimirá su candidato presidencial entre Macri, Sanz y Carrió.
Las sospechas sobre la elección santafesina arrojan dudas sobre la legitimidad de origen de las autoridades de esa provincia, y es inevitable preguntarse hasta dónde se generaliza este fenómeno, del cual hay datos muy preocupantes en partes del conurbano bonaerense.
Hay quienes sostienen, de un modo cínico, que si PRO no tuvo la cantidad suficiente de fiscales en la elección, debe resignarse al resultado que le obsequian. Se culpabiliza a la víctima y se premia al victimario, que se perpetúa y parapeta en las malas artes, vaciando de sentido a la democracia. Y es que en Argentina -triste es decirlo pero imprescindible hacerlo en voz alta- se han naturalizado las malas prácticas, se han pervertido las palabras, se están borrando los códigos más elementales de la convivencia democrática.

sábado, 13 de junio de 2015

Mascaradas bonaerenses.

El 10 de junio cerró el plazo de inscripción de las alianzas partidarias que concurrirán a las PASO (Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias) del 9 de agosto. El 20 se presentan las precandidaturas para las PASO, aunque luego se abre un período de impugnaciones, tachas y correcciones, de enorme importancia.
La Provincia de Buenos Aires, en donde vive el 38% del electorado argentino, está concentrando todas las atenciones, ya que allí tienen residencia y desarrollaron sus carreras políticas Daniel Scioli (gobernador) y Sergio Massa (diputado y ex intendente de Tigre). Asimismo, Mauricio Macri, Jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, no sólo está desarrollando una intensa campaña en esa provincia, sino que además tiene una enorme incidencia en el conurbano, ya que son muchos los bonaerenses entran diariamente a la ciudad para trabajar, estudiar, ir a los hospitales y entretenerse.
Estamos asistiendo a un baile de máscaras -sin la elegancia ni el encanto del veneciano-, en el cual varios participantes ocultan sus intenciones.  Vemos intendentes que abrazan fervorosamente a Sergio Massa, y una hora después entran a la Casa de Gobierno para sumarse al kirchnerismo. Las fugas de intendentes y figuras conocidas desde el Frente Renovador hacia el Frente Para la Victoria y, en menor grado, a PRO, se han convertido en motivo de burlas que circulan con mucha picardía e ingenio en las redes sociales.
Sergio Massa ha jurado a quien quiera escucharlo que sigue en carrera, tras haberse tomado unos días para meditar. Tanta jornada de reflexión para saber si mantiene su precandidatura presidencial, no ha hecho más que dañar sus posibilidades, cada vez más atrás en una elección que se está polarizando en torno a Macri y Scioli. En este juego donde hay disimulos, ambigüedades y candidaturas que duran minutos, no necesariamente la presentación de la alianza de Sergio Massa con José Manuel de la Sota (gobernador de Córdoba) puede ser duradera. Hasta el 20 de junio, hay tiempo para que los candidatos del Frente Renovador se integren individualmente en las listas de Cambiemos -alianza de PRO, UCR y Coalición Cívica- o del Frente Para la Victoria.  
Es interesante señalar que en el Frente Para la Victoria hay varios precandidatos a gobernador de la provincia de Buenos Aires, pero muchos han abandonado por el camino tras recibir señales de Cristina Fernández de Kirchner. Muchas precandidaturas en las PASO puede diluir el voto al FPV, y que aparezca como una figura de la oposición aparezca como individualmente más votada. Es lo que puede llegar a ocurrir con María Eugenia Vidal, la candidata apoyada por todos los miembros de Cambiemos, que viene creciendo sostenidamente en los sondeos, y que puede incrementarse en las próximas semanas por el retiro de Francisco de Narváez. Cabe señalar que en la provincia de Buenos Aires, que tendrá elecciones de gobernador y legisladores el 25 de octubre, junto a los comicios nacionales, gana el candidato más votado, sin necesidad de alcanzar un umbral, ni existe la segunda vuelta.
Mientras tanto, el Frente Renovador se sigue deshilachando, y la mayoría de sus dirigentes vuelve al imán del Frente Para la Victoria. La "vía del medio" intentada por Sergio Massa, de no ser estrictamente opositor pero tomando distancia del kirchnerismo, se puede ver como una alternativa electoral de salvación para peronistas que buscaban seguir en carrera tras un nuevo líder con posibilidades serias de ganar. Y es que el peronismo fue, es y será un partido del poder. Nació en el poder y es su razón de ser. Cuando Juan Domingo Perón ganó las elecciones en 1946, no tenía un partido propio, sino que fue respaldado por el Partido Laborista y la Unión Cívica Radical Junta Reorganizadora, presentando cada uno sus propias listas, pero en las que también había figuras socialistas, conservadoras, nacionalistas, sindicalistas y militares. Luego, ya en la presidencia, formó el Partido Único de la Revolución Nacional, denominación que rápidamente cambió por la de Partido Peronista. Con la aprobación del sufragio femenino, se constituyeron el Partido Peronista Masculino y el Partido Peronista Femenino que, sumados a la Confederación General del Trabajo (CGT), constituían el Movimiento Nacional Justicialista, del que Perón era el presidente.
Pero con la proscripción del peronismo entre 1955 y 1972, se formaron varios pequeños partidos filoperonistas para competir en elecciones, y varios de ellos se volvieron a fundar en 1983 con el retorno a la democracia. Otros partidos, como la Democracia Cristiana y el Partido Conservador Popular, también se transformaron en satélites que orbitan en el universo peronista. De modo que el peronismo no necesariamente convive en un solo paraguas partidario, sino que sus diferentes fracciones pueden competir entre sí en las elecciones generales, gracias a estos partidos que les sirven de andamiaje.
En el escenario de creciente polarización al que se va tendiendo en esta elección crucial, muchos peronistas del Frente Renovador optan por retornar al kirchnerismo, ahora en la versión edulcorada de Daniel Scioli. 
Cambiemos, la alianza opositora, busca convocar a sectores peronistas. Y es que la vieja polarización peronismo-antiperonismo ha perdido sentido y sólo impacta a un pequeño sector del electorado, aun cuando desde el kirchnerismo se insiste en el que el "cambio" que propone la oposición, no es nada más que un retorno a los años noventa. Así, segmentos del electorado del conurbano bonaerense son resistentes a la consigna del cambio, a pesar de que su nivel de vida dista de ser el de Alemania o Dinamarca, aunque Cristina Fernández de Kirchner y el jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, digan exactamente lo contrario. Han instalado con fuerza una narrativa del miedo que paraliza los sectores más vulnerables, temerosos de que todo cambio supone lo peor. 
Mascaradas que ocultan intenciones, aspiraciones, estadísticas y hechos.

jueves, 4 de junio de 2015

Los intendentes, los peones y el remo.

Un fenómeno que cobró fuerza en los últimos años de la democracia argentina, es el creciente protagonismo de los intendentes del conurbano bonaerense. La Provincia de Buenos Aires concentra el 38% del electorado argentino, y el conurbano, ese conglomerado de ciudades que rodean a la Ciudad Autónoma de Buenos Aires -que no es parte de la provincia-, suman el 23% del electorado total del país.
Los intendentes son como los peones del ajedrez: primera línea de combate por su cercanía al elector, con dependencia del gobernador y, en última instancia, del Poder Ejecutivo Nacional para contar con recursos.
El peón avanza lentamente, pero es la infantería imprescindible para la articulación de la gran política: los municipios del conurbano reúnen más votantes que varias provincias argentinas, lo que en el proceso de elección directa del presidente los ha convertido en piezas centrales. La paradoja es que estos municipios no cuentan con peso legislativo, como sí ocurre con las provincias, sobre todo en el Senado.
Pero, ¡atención con las aspiraciones de estos peones! El ajedrecista Aron Nimzovich nos cuenta que, para él, "(...) el peón libre tiene alma y, lo mismo que el hombre, posee aspiraciones que duermen dentro de él, en forma desconocida, y temores cuya existencia apenas sospecha". El peón del ajedrez puede transformarse en la pieza que quiera al llegar al final de su meta rectilínea: dama, caballo, alfil, torre. Todo depende de la necesidad del jugador.
Expresión de este protagonismo desmesurado de los intendentes fue la conformación del Frente Renovador para la elección legislativa de 2013, cuando Sergio Massa -entonces intendente de Tigre- sumó a otros jefes comunales a desafiar al Frente para la Victoria. Pero su proyecto político, que sostuvo durante todo el 2014 al tope de las encuestas, se fue deshilachando en el transcurso de los últimos meses. Los intendentes que se habían adherido al Frente Renovador comenzaron a retornar al Frente Para la Victoria, o bien a tantear el terreno en PRO.
Sergio Massa intentó el camino del medio: ni totalmente opositor -después de todo, fue funcionario de los gobiernos K, llegando a ser Jefe de Gabinete-, ni oficialista. Le sirvió durante un tiempo, pero esa vía se está agotando ante dos candidatos con perfiles más nítidos. Daniel Scioli ha demostrado hasta la exasperación su adhesión a la política gubernamental, tolerando los permanentes maltratos de Cristina Fernández de Kirchner. Los intendentes, estos peones con aspiraciones que albergan en lo más recóndito de sus almas, también tienen grandes temores. El mayor peligro para estos jefes comunales, la más dramática de las pesadillas que los aqueja, es perder en sus distritos. Sea ellos o bien su sucesor. Una eventual derrota los deja sin oxígeno.
Es interesante observar que los intendentes acumulan un gran poder en sus municipios, pero no logran traspasar con éxito las estrechas fronteras de su comarca. Son poco conocidos más allá de su localidad, y es por ello que son escasos los que han podido trascender como políticos nacionales: Eduardo Duhalde, Aníbal Fernández -actual Jefe de Gabinete- y, en cierta medida, Sergio Massa.
Sergio Massa, que inició su vida política en el municipio de San Martín, tuvo la visión de mudarse a Tigre, en donde gobernó durante varios períodos el intendente Ubieto, vecinalista. Pero al fallecer este líder local, Massa supo instalarse rápidamente como la nueva alternativa, y para ello le valió un alto grado de conocimiento público como administrador de ANSES. Y la ventaja de Tigre es que se trata de un municipio muy visitado durante los fines de semana por vecinos del resto del conurbano y la Ciudad de Buenos Aires. 
Y es, también, la capital nacional del remo. Aun cuando la Prefectura haga todo lo posible para restringir y obstaculizar la práctica de este noble deporte.
Si Massa hubiera practicado remo, habría incorporado un concepto clave de este deporte: la coordinación. Los miembros reman a la par, coordinados, al mismo ritmo. Confían en el timón, ya que los remeros dan la espalda a la proa. El remo requiere confianza, camaradería, compromiso, resistencia, ir a la par en torno a un objetivo común. El Frente Renovador no tuvo nada de eso. En cuanto advirtieron que el timón no apuntaba hacia un objetivo común, los remeros comenzaron a abandonar el bote en forma precipitada.
Al Frente Renovador le faltó, también, densidad intelectual que le permitiera vislumbrar una visión más allá de sumar votos para ganar elecciones. Y esa densidad intelectual sí la hallamos en el kirchnerismo y en PRO y UCR.
En las próximas horas o días, sabremos si hay un gran acuerdo opositor que sume a Sergio Massa, quizás como precandidato a gobernador de la Provincia de Buenos Aires, y si como tal competirá con María Eugenia Vidal (PRO) en las PASO del 9 de agosto. Pocas veces se ha visto a un candidato presidencial negar, una y otra vez, que retira su nominación y que sigue adelante.
La aspiración de Massa es clara: alcanzar la primera magistratura de Argentina. Si no es ahora, puede pensar en cuatro u ocho años. Su más terrible temor, como el de cualquier político, es el de caer en la más absoluta irrelevancia en cuestión de días.

jueves, 28 de mayo de 2015

Argentina Potëmkin.

Se cuenta que el gobernador y militar Grigori Potëmkin (se pronuncia Patiómkin en ruso) organizó un periplo de la zarina Catalina II de Rusia por la península de Crimea, pocos años antes conquistada por el Imperio Ruso. En ese viaje, contempló maravillada varias aldeas en las que la gente vivía alegre y próspera gracias a la ingente labor del gobernador.
Pero estas aldeas, bautizadas luego como "aldeas Potëmkin", no eran más que una fachada, una escenografía dispuesta para asombrar a la zarina y su comitiva. Eran bastidores que se montaban y desmontaban con el paso de la poderosa zarina.
¿Engañada o se dejó engañar, en una simulación silenciosa y cómplice?
Lo cierto es que las "aldeas Potëmkin" se siguen montando y desmontando una y otra vez en la campaña electoral argentina, muy lejos de la atribulada península de Crimea, y con otros actores que, también, simulan creer en esas escenografías de felicidad. ¿Cuáles son estas nuevas aldeas? 
Aldeas Potëmkin son grandes los actos multitudinarios y las caravanas, a las que concurren miles de personas enfervorizadas. No son más que montajes de líderes locales e intendentes que llevan a los suyos, para demostrar un "baño de masas" al candidato de turno. ¿Personas comunes, sin militancia ni adhesión partidaria? Poco o nada, alejadas por estas marejadas de banderas partidarias. Aldeas Potëmkin son las encuestas que circulan en muchos medios de comunicación, hechas a medida, como si fuesen confeccionadas por diestros sastres, para el regocijo del candidato. 
Los más memoriosos recordarán un slogan de tiempos de la olvidable presidente María Estela Martínez de Perón (a) Isabel -peronista o justicialista-: "Argentina potencia". Esta idea, que forma parte del imaginario febril de muchos argentinos, que cree que el país sudamericano tiene un rol fundamental y central en los destinos planetarios, no era sino otra pieza más de un gran rompecabezas del ilusionismo que encandila a millones de ciudadanos argentinos. Argentina no sólo no era potencia, sino que además en las calles se libraba una lucha abierta entre facciones armadas del partido gobernante, una de ellas manejada por el siniestro José López Rega, entonces ministro de Bienestar Social -ironía atroz-. "Argentina potencia" era otra versión, setentista, de "Argentina Potëmkin", como la que ahora inaugura un fastuoso y costoso centro cultural con el nombre de alguien que no era, precisamente, un hombre culto. 
Estas aldeas Potëmkin son burdos montajes, que se arman y desarman a la vista de todos. Algunos simulan creer porque son útiles para los mitos convocantes que estimulan la imaginación, ensueños de grandeza que paralizan la acción.
¿Hasta cuándo durarán estas escenografías? Hasta que el ciudadano común, de a pie, que no responde a ninguna estructura política ni recibe nada de los intendentes, se harte y mire del otro lado del montaje y, tras él, observe el mundo real que se pretende ocultar. Me permito ser optimista y creer que, un buen día, los espectadores pasarán a ser protagonistas y derribarán esas teatralizaciones simplonas de cartón y papel maché. 

jueves, 21 de mayo de 2015

La fuerza del espanto.

"No nos une el amor, sino el espanto; será por eso que la quiero tanto", escribió alguna vez Jorge Luis Borges.
¿Futurismo borgeano anticipando la coalición opositora que se está gestando en Argentina? 
Tras varios años de estar en una meseta entre el 10 y 12% de intención de voto para presidente, Mauricio Macri logró despegar a comienzos de este año y hoy se perfila como la gran opción opositora para las elecciones de este año. Tras dos períodos consecutivos como Jefe de Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires -la constitución local le impide un tercer mandato-, Macri no tiene otra opción que presentarse para la primera magistratura, que fue siempre su norte.
Tras años de ser demonizado como "la derecha", su gestión en la Ciudad aventó los espectros que lo intentan presentar como un ultraprivatizador desalmado. Macri se escapa de las taxonomías, siempre rígidas y fáciles para la tribuna, y ha logrado articular una alianza del PRO con la Coalición Cívica -léase, Elisa Carrió- y la Unión Cívica Radical.
En principio, el 10 de junio se inscribirá la alianza entre PRO, UCR y CC para participar juntos en las PASO (Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias) y dirimir una candidatura presidencial en común, con vistas a la primera vuelta de octubre y, eventualmente, la segunda en noviembre. El PRO (Propuesta Republicana) tendrá como candidato a Mauricio Macri, la UCR a Ernesto Sanz y la Coalición Cívica a Elisa Carrió. Las encuestas anticipan que Macri ganará por amplio margen esa elección, pero la alianza incluye listas comunes de legisladores en varias provincias, así como acuerdos para competir unidos en algunas gobernaciones.
El partido más organizado de la oposición es el radicalismo. De hecho, es un partido en el sentido clásico del término, con autoridades constituidas a nivel nacional y en cada provincia, con una convención nacional y comité nacional. Esto es parte del ADN constitutivo del radicalismo: en 1889, llegaron a Buenos Aires dos ejemplares del libro American Commonwealth, de James Bryce, que explicaba la forma de organización de los partidos en Estados Unidos. De sus páginas aprendieron Virgilio Tedín y José Nicolás Matienzo, y propusieron ese modelo para un nuevo partido que estaba naciendo: la Unión Cívica, del que en 1891 se desprendió la Unión Cívica Radical. Al radicalismo se le puede criticar su falta de eficacia en el gobierno, su excesivo apego al discurso como forma de hacer política, pero no se puede negar su vocación democrática ni su presencia territorial. Fuertemente apegado -y para bien- a preservar sus instituciones internas, a comienzos de este año celebró una convención nacional en Entre Ríos, en donde se decidió celebrar una alianza nacional con PRO, y que la candidatura presidencial de la UCR sería la del senador Ernesto Sanz, de Mendoza. Este hecho, en medio de la tempestad antipartidos que se vivió en los últimos años en Argentina, fue refrescante. Fue así como la UCR decidió, en su mayoría, aliarse a PRO y no al Frente Renovador de Sergio Massa, asestándole un duro golpe a sus aspiraciones presidenciales.
No obstante, como Argentina es un país federal, también hay coaliciones en cada provincia que no necesariamente se reflejan en la nacional. Pero también el PRO fue tejiendo estas alianzas en cada provincia, como en Córdoba, Entre Ríos, Tucumán, Jujuy, creando alternativas electoralmente competitivas, a las que también se sumó la variante local del Frente Renovador. Asimismo, esta alianza también se logró en la provincia de Buenos Aires, en la que la fórmula es encabezada por María Eugenia Vidal (PRO) y sería secundada por un vicegobernador radical, probablemente un intendente.
¿Por qué Mauricio Macri necesita al radicalismo? Esta alianza le abre las puertas a sectores de las clases medias urbanas que miran con recelo a Macri, así como le brindan un despliegue territorial no sólo en cada provincia, sino también en cada municipio. Es un partido centenario, que tuvo varios presidentes de la Nación en su historial y que, a pesar de los dos mandatos truncos de Alfonsín y De la Rúa, tiene la bancada legislativa opositora más numerosa en las dos cámaras del Congreso.
¿Por qué el radicalismo necesita a Macri? La UCR no tiene un candidato presidencial con chances de ganar o, por lo menos, de atraer a quienes fueron sus electores en el pasado reciente. Si bien la tradición yrigoyenista del radicalismo fue francamente hostil a la celebración de acuerdos con otras fuerzas políticas, la situación posterior a la crisis del 2001 obligó a este centenario partido a reconsiderar sus posiciones del pasado, por una cuestión  de supervivencia. Aun así, sostener la precandidatura de Ernesto Sanz en las PASO es vital para la UCR y la alianza que sostiene con PRO, ya que de otro modo esa porción de votos podrían migrar hacia la precandidatura de Margarita Stolbizer, una ex radical ahora aliada al Partido Socialista.
Los radicales son respetuosos de las instituciones y también del veredicto de las urnas: si Mauricio Macri gana las PASO de esta coalición opositora, se encolumnarán detrás de su candidatura rumbo a octubre. 
Por fuera de esta coalición quedarán las expresiones de la izquierda trotskista, el Partido Socialista, algunas expresiones peronistas disidentes y, terciando en las encuestas y por ahora sin lograr un acuerdo con PRO, el Frente Renovador de Sergio Massa.
¿Que une a esta coalición de PRO-UCR-CC? Claramente, los une el espanto. No hay amor, sino que hay espanto ante los años de atropello a las instituciones, el Estado de Derecho y las normas básicas de la honradez. Los une el espanto ante la continuidad light que propone el gobernador Daniel Scioli, principal precandidato presidencial del Frente Para la Victoria.
Esta elección es un torneo de espantos: si bien CFK utilizó el slogan "la fuerza del amor", su principal latiguillo es el miedo al retorno a los "satánicos" años noventa -los de Carlos Menem, senador aliado al bloque del Frente Para la Victoria-, a un nuevo gobierno radical, a las paranoicas conspiraciones planetarias contra Argentina. El kirchnerismo se espanta de un pasado dibujado a su medida; esta coalición opositora se une por el espanto ante un presente que puede prolongarse por cuatro años más.

sábado, 16 de mayo de 2015

De la guerra del cerdo, los hecatónquiros y el juez Carlos Fayt.

Ha comenzado la guerra del cerdo, persecución horrenda en la que los ancianos son atacados ferozmente en las calles de Buenos Aires por un vendaval juvenilista. No se trata de maltratos físicos como en la novela de Adolfo Bioy Casares, pero a un reconocido juez de la Corte Suprema se lo denigra por su avanzada edad. En el relato de ficción de Bioy Casares, los jóvenes eran azuzados por un demagogo para atacar a los mayores. En esta tempestad de comentarios denigratorios, que busca remover al doctor Carlos Fayt de la Corte Suprema, es acremente cuestionado por el kirchnerismo y, en particular, por la agrupación La Cámpora, dirigida por Máximo Kirchner, persona sin oficio y que apenas logró aprobar un puñado de materias de abogacía. El objetivo es lograr una nueva vacante en la Corte Suprema de Justicia, para poder colocar allí a un juez de simpatías kirchneristas cuando faltan pocos meses para que Cristina Fernández de Kirchner termine su mandato presidencial.
Nos cuenta Hesíodo, en su fascinante y a la vez áspera Teogonía, que los titanes se revelaron contra el dios Zeus, jefe del Olimpo. Se libró, entonces, una larga guerra entre las deidades olímpicas y los titanes, contienda que terminó cuando se sumaron los hecatónquiros como aliados de Zeus. Eran estos unos seres monstruosos con cien brazos, por lo que podían arrojar varias rocas simultáneamente, como una moderna ametralladora de proyectiles pétreos, contra los titanes. 
Cuando se trata de denigrar a alguien, las voces del kirchnerismo obran como los hecatónquiros: arrojan centenares de rocas de difamación al enemigo que CFK ha escogido, para lastimarlo sin piedad y hundirlo en las ciénagas del oprobio. No sólo actúa el coro de funcionarios y personajes de los movimientos sociales próximos al gobierno kirchnerista, sino también la frondosa red de medios que rinden pleitesía al oficialismo. Compiten, de un modo voraz, por ver quién es más creativo en la destrucción del enemigo del momento.
Es el turno de Carlos Fayt, juez de la Corte Suprema de Justicia de la Nación.
Hombre de 97 años, jurista de prestigio colosal, con decenas de libros publicados y miembro del más alto tribunal de Argentina desde 1983, con el retorno al gobierno constitucional. La comisión de juicio político de la Cámara de Diputados le exige que se presente a un examen psicofísico, ya que el kirchnerismo arguye que no está plena posesión de sus facultades cognitivas.
Ya desde sus etapas iniciales, los Kirchner nunca se sintieron a gusto con el equilibrio de poderes. Al poco tiempo de asumir la presidencia, Néstor Kirchner (justicialista o peronista) reclamó en cadena nacional la renuncia de algunos jueces de la Corte Suprema de Justicia. Ante esta presión mediática, los ministros Nazareno, Vázquez y López renunciaron; tan sólo Eduardo Moliné O’Connor resistió hasta que fue removido por juicio político en el Congreso. La Corte Suprema había sido ampliada durante la presidencia de Carlos Menem (también justicialista o peronista) de cinco a nueve miembros, con lo que se aseguraba una mayoría que respaldaba la constitucionalidad de las normas en ese período. Si bien a partir de Kirchner el mecanismo de selección de los nuevos ministros de la Corte tuvo un proceso de gran transparencia con audiencias públicas, el más alto tribunal se manejó con bastante prudencia en su trato con el poder ejecutivo.
Estas manipulaciones a la composición de la Corte Suprema no son nuevas: es un rasgo distintivo de las administraciones peronistas. En 1947, el presidente Juan Domingo Perón (indudablemente justicialista o peronista) impulsó el juicio político a cuatro de los cinco jueces de la Corte por haber avalado el golpe de Estado de 1943, un gobierno militar del que fue secretario, ministro y vicepresidente. El único ministro que no fue juzgado, Tomás Casares, había sido nombrado por el gobierno militar del que Perón se consideraba heredero y continuador. Desde entonces, cada golpe militar o gobierno constitucional cambió la Corte Suprema hasta que, con el retorno a la vida democrática y la elección del presidente Raúl Alfonsín (radical), se nombra un nuevo alto tribunal de cinco miembros. De ese quinteto, hasta el día de hoy continúa Carlos Fayt, de 97 años, de quien la presidente Cristina Kirchner no ha podido evitar hacer comentarios ridiculizando su longevidad. En Argentina, los ministros del más alto tribunal no tienen un plazo pero, desde la reforma constitucional de 1994, se jubilan a los 75 años. No obstante, a Fayt no lo alcanzó el espectro del retiro, ya que es un juez anterior a esa reforma.
El mayor embate contra la independencia del poder judicial llegó de la mano de Cristina Fernández de Kirchner (justicialista o peronista): en 2013 propuso la “democratización de la justicia”, un eufemismo que encubría la politización del Consejo de la Magistratura. En la Constitución argentina, por su reforma de 1994, se creó este organismo y claramente se estipula cuáles son las instituciones que eligen a los miembros. El propósito de Cristina Kirchner era partidizar este organismo al sumarle miembros electos por el voto directo de la ciudadanía. La Corte Suprema, ante lo claro y evidente, debió declarar inconstitucional este procedimiento de elección directa. El más alto tribunal ha vuelto a tener un total de cinco miembros y para la única vacante disponible -por la jubilación de Eugenio Zaffaroni-, el gobierno propone al joven simpatizante K y abogado Roberto Manuel Carlés, de 33 años, que tiene algunos agujeros negros en el curriculum presentado, por lo que son varias las entidades que adelantaron que impugnarán su pliego en las audiencias públicas. Su elección a la Corte Suprema es de la máxima importancia ya que, si el Senado llegara a aprobar su nominación, podría estar allí durante los próximos ¡cuarenta años! 
Con la remoción o renuncia de Carlos Fayt, el kirchnerismo tendría el obsequio de dos vacantes en la Corte Suprema, a pocos meses de la asunción de un nuevo primer magistrado, de la mitad de la cámara baja y de un tercio del Senado. Dos de cinco ministros de la Corte alineados con CFK, es un poderoso escudo contra cualquier investigación sobre las acusaciones de corrupción de ella, su entorno y demás funcionarios de este gobierno. 
Es claro que Fayt no tiene la fiereza del león para intimidar a sus enemigos, pero sí la astucia del zorro para no caer en las trampas, como sugería Maquiavelo al príncipe. Está sabiendo manejar los tiempos y el miércoles 13 de mayo se presentó en la sede de tribunales para ratificar la acordada por la que se reelige como presidente de la Corte, hasta el 2019, a Ricardo Lorenzetti. 
Los ímpetus juvenilistas de La Cámpora, como todo movimiento generacional, tiene fecha de vencimiento: tras ellos, inexorablemente vendrán otros más jóvenes que los cuestionen. La edad no es un argumento, más aún tratándose de una eminencia jurídica como Carlos Fayt que, de retirarse, probablemente lo haga después del 10 de diciembre de este año. Mientras tanto, Fayt evitará en lo posible hacer declaraciones y el juego mediático de los hetacónquiros de la denigración, ya que los jueces sólo hablan a través de sus sentencias. O, por lo menos, así debiera ser.